“La sombra dejará de ser el lugar donde me escondo”

 

Mi tía Lucía siempre ha sido como una segunda madre para mí. Mi prima Diana y yo somos mejores amigas como lo son nuestras madres. Cuando éramos pequeñas, nuestros mundos no eran más que ir y venir de la casa de una a la casa de la otra y estar siempre presentes en cada cumpleaños.

Stephanie Huerta
Stephanie Huerta

La única diferencia entre mi madre, María Amaral, y mi tía Lucía Parra, es que mi madre es una residente legal de los EE.UU y mi tía no. Esto quiere decir que cuando mi abuela en México se enfermó y necesitó cirugía, mi madre estaba en la sala de espera mientras mi tía esperaba en California pegada al teléfono esperando la llamada que le reportaría la condición de mi abuela.

A los 17 años, mi tía caminó por el desierto toda la noche para cruzar la frontera solo para llegar a un lugar para irse con una persona que nunca llegó. Con la esperanza de reunirse con María y llegar con bien, mi tía siguió a un hombre quien le ofreció llevarla a Los Ángeles. No tenía idea que terminaría en la carretera, perseguida por policías y helicópteros mientras el hombre conducía rápido llevándosela secuestrada. Mientras disparaban los balazos a su alrededor, mi tía sólo pensaba en su futuro y en el amor que le tiene a su madre.

Por 20 años mi tía reprimió su terrible entrada la los EE.UU, pero ésta es sólo una entre muchas de las veces que ella hizo la travesía traicionera para llegar a los EE.UU. Mi tía vino a los EE.UU para ayudar a mi abuela con dinero. Mi madre y mi tía mandaban dinero a casa para mantener a mi abuela con comida en su mesa y la medicina necesaria  a su disposición.

“Algo que me tumba es el no poder salir del país,” dijo Lucia. “Es muy difícil la decisión de escoger entre ir a ver a mi familia y dejar a mis hijos aquí. Si voy a México, pierdo la oportunidad de ver a mis hijos crecer. Con profundo dolor y mi alma hecha pedazos, me pierdo los funerales, las citas al doctor, y las recuperaciones de mi familia para oír a mi hija cantar en su primer concierto escolar, para celebrar el primer cumpleaños de mi hijo, y para estar aquí el día que mi hija cruce el escenario en su graduación.”

Lucía Parra y María Amaral comparten un abrazo.
Lucía Parra y María Amaral comparten un abrazo.

Mi tía es una mujer trabajadora, una persona con esperanzas, sueños, aspiraciones, y metas como toda persona, ciudadanos de este país o no. La manera de la cual el gobierno estadunidense les dice “aliens” o extranjeros en español, es humillante. ¿Son extranjeros? ¿No son personas con emociones, familias, pasados dolorosos, y futuros esperanzados? ¿Desde cuando decidimos que porque no somos nacidos en el mismo país somos extranjeros? ¿No somos todos nacidos en este planeta? Todos somos nativos a este mundo y extranjeros de ninguno, completamos lo que es la humanidad.

En California, inmigrantes indocumentados podrán solicitar una licencia de conducir. Una licencia de conducir no es la residencia permanente o una ciudadanía, pero es la oportunidad de tener algo; de manejar sin miedo y tener una identidad.

“Todo es muy emocionante. Ya hice mi cita y hasta he comenzado a estudiar,” dijo Lucia. “No supero la emoción de por fin tener algo legal, algo a mi nombre. No tengo miedo de ‘salir de la obscuridad.’ Tengo esperanza y doy gracias. Es un paso adelante, un paso que me llevará más cerca de algún día poder ver las caras de mis padres en persona.  Siento que estoy más cerca que nunca del poder a regresar a casa con mi madre después de 20 años, de solamente poder oír su voz por un teléfono.”

Muchos inmigrantes indocumentados afrentan la dificultad de estar en un país nuevo, sin poder hablar inglés, y tratando de buscar trabajo en un mundo sin sus familias. Pero de alguna manera, cada uno encuentra una razón para quedarse y la motivación para continuar siendo parte de un país que a veces los humilla, los persigue, y que convierte sus situaciones en chistes de mal gusto.

“Yo vine a este país por María,” dice Lucía. “Ella hizo las cuentas y se fijó que un día de pago en México, desde las siete de la mañana a las diez de la noche era menos de cuatro dólares. Ella sabía que yo podía ganar más de cuatro dólares al día trabajando aquí en los EE.UU. en cualquier trabajo.  Ella me animó, le debo todo lo que tengo a María, ella me ayudó  llegar aquí y me apoyaba con cada paso que daba. Ella vivió mi vida así igual como yo la viví. Yo le doy gracias a Dios todos los días por mi seguridad, mi familia, mi trabajo, y también por María. Ella es mi mejor amiga, mi hermana, y mi guía.”

Muchos inmigrantes son acusados de robar los trabajos Americanos, pero la realidad es que ellos toman los trabajos que al parecer nadie más quiere tener. Mi tía ha trabajado en el mismo restaurante por más de 15 años.

“Yo le estoy muy agradecida a este país. La única cosa que nosotros los inmigrantes le podemos ofrecer es nuestra dedicación al trabajo y nuestra disposición a tomar cualquier trabajo por un pago mínimo y a veces hasta menos del pago mínimo,” comentó Lucia. “Somos parte de la economía y criamos a nuestros hijos con la ambición de mejorarse y perseguir una educación. Jamás podremos ofrecerle al país lo que  nos ofrece a nosotros pero trabajamos duro tomando en cuenta que cada día que pasamos en este país es una bendición.”

De acuerdo con la decisión ejecutiva del Presidente Obama, inmigrantes indocumentados podrán solicitar permisos de trabajo y deferir el miedo de ser deportados si cumplen con ciertos requisitos como tener hijos nacidos en los EE.UU, pasar una verificación antecedente, y poder comprobar que han estado aquí por los pasados cinco años. Estos son sólo algunos de los requisitos y el proceso no será fácil. Registrar nombres y dar huellas son parte del proceso, y muchos ven esto como un riesgo que vale la pena para comenzar a crear un futuro mejorado en este país.

Esta decisión sólo estará en efecto mientras Obama sea presidente y podría ser eliminada por el próximo presidente, pero personas como mi tía no pierden la fe. El presidente ofrece la misma fe cual él promovía en su campaña presidencial.

Yo apoyo su decisión, no porque afecta a mi tía, si no porque afecta a personas, muchas que se encuentran en situaciones como la de mi tía.

“He vivido en este país siguiendo las reglas, pagando mis impuestos, cometiendo ningún crimen ni  ofensa con la esperanza que algún día el gobierno vea que estoy aquí y que he sido buena,” dijo Lucia. “He esperado pacientemente la oportunidad de ser parte de este gran país legalmente donde la única sombra que conozco es la que el sol forma mientras yo camino libremente y abiertamente. La sombra dejará de ser el lugar donde me escondo trabajando  calladamente para obtener un futuro para mi y mi familia.”

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